La noche de los nahuales ǀ Benjamín M. Ramírez

La selección es la elección

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La mañana de este lunes desperté de forma abrupta. ¿El motivo?  Me llamaron insistentemente. — ¡Papá!  ¡Papá! — Sí quedé.

 

La Universidad Autónoma de Baja California emitió resultados de selección para las diferentes ofertas educativas con las que cuenta. De los 32 mil 800 de aspirantes alrededor del 60% podrá cursar una carrera en el nivel superior.

 

Pese al alto porcentaje de alumnos que la UABC recibe, quedan sin una oportunidad más de 10 mil alumnos que no lograron ubicarse entre el número de aceptados para continuar sus estudios de nivel superior en el ciclo 2019-1 agosto. Miles descansarán en este semestre para incorporarse en enero próximo.

 

Esta es la parte más triste de la historia.

 

Para comprender el mundo del adolescente es necesario sumergirnos a las relaciones líquidas propuesta por  Zygmunt Bauman. Desde la perspectiva de este autor todo es “líquido”. La estabilidad en las relaciones e interacciones sociales, la familia, la lealtad, el compromiso, lo perdurable, incluso los valores.

 

Es en esta cosmovisión del joven y del adolescente donde tiene cabida un análisis —sine qua non— para comprender la falta de compromiso y de lealtad hacia el conocimiento y —en general— del aprendizaje, aún más del aprendizaje autónomo.

 

Siguiendo a  Zygmunt Bauman y su propuesta “líquida” el panorama al que se enfrentará el universitario aceptado hoy, también se presenta como caótico e inestable. La constante inseguridad, volatilidad, cambio instantáneo, imprevisible y desregularizado es la dinámica actual. Afirma Bauman: “Para la generación de jóvenes que desde 2008 debe enfrentarse a la crisis, la luz está envuelta en tinieblas, no se vislumbra con claridad la salida”.

 

Los jóvenes que obtienen hoy el logro de una meta deben ser conscientes de que el futuro se vuelve incierto, inestable. La globalización vuelve el éxito una competencia encarnizada por el triunfo y ello no deriva por la constancia o los hábitos construidos por años. El aprendizaje, el conocimiento sólido y los valores aprendidos se vuelven insignificantes cuando las ovaciones no avanzan paralelamente a los diplomas académicos.

 

Un grado académico no asegura un éxito a posteriori. Ni es sinónimo de fama.

 

Ya mi madre en su infinita sabiduría me recomendaba frenéticamente —con sus métodos y sus modos— a estudiar. Lo que nunca comprendí es que en sus palabras,  me invitaba a estar preparado en este mundo que amenaza en su inestabilidad a destruir lo que antes se consideraba como verdadero, estable y duradero.

 

Hoy, ni siquiera los vehículos último modelo son duraderos. Hasta las computadoras con el mayor número de innovaciones exigen actualización constante o se vuelven obsoletas.

 

Y lo cuento desde mi perspectiva laboral. El ser maestro podría ser desplazado en las próximas décadas. No hay nada estable en este sistema de cosas. La misma población estudiantil tiende a disminuir conforme avanzan los años.

Bauman lo resume de este modo: «La “cultura líquida moderna” ya no es una cultura de aprendizaje, es, sobre todo, una “cultura del desapego, de la discontinuidad y del olvido”».

 

Retomando la idea central de esta entrega, quiero imaginar la idea del joven que encamina sus pasos hacia un aprendizaje superfluo, con la ética y la axiología ausentes, tanto en trabajos académicos como en la evaluación de los aprendizajes, con el “copy paste” como detonador en sus tareas escolares, al igual que en sus relaciones interpersonales, intrapersonales, sociales o familiares, inestable y discontinuo.

 

También evoco las áreas de oportunidades en un futuro —a corto y largo plazo— sin la lealtad que perdura, inconstante con sus actividades laborales como la marca de agua que fortalece individuales y las confunde como a un colectivo amorfo sin ganas de exigir un futuro promisorio.

 

Hoy un título universitario no es sinónimo de conquista. Por ello se ha elevado un incipiente y elevado número de solicitudes para posgrados —maestrías y doctorados— incluso a postdoctorados. Ignoro qué títulos se otorgarán en la posteridad.

 

Por lo pronto en casa ya tenemos una estudiante universitaria. Es un primer paso que podrá contradecir las tesis de Bauman o confirmarlas.

 

En un mundo cambiante e inestable, inicuo e inocuo, la tesis de Heráclito sigue teniendo vigencia.

 

Queda la desazón por quienes ven truncadas sus aspiraciones para estar en la universidad. Sin duda la ocasión se presenta como una gama de oportunidades en la búsqueda constante e inconstante, estable e inestable,  leal o traicionera a sus principios, a sus metas y logros, a sus objetivos, en suma, a sus sueños.

 

Leo con tristeza las cien y una publicaciones de quienes lamentan en este lunes funesto como fecha en el que los sueños se vuelven líquidos, se esfuman antes de dormir, incluso antes de ser sueño. Porque muchos aspirantes decidieron conservar sus sueños, continuaron dormidos.

 

Soy testigo ciego de personas que con un título en la mano son rechazados cuando solicitan un empleo mal remunerado: —“están demasiado cualificados para el puesto”. En realidad la respuesta quiere decir tu postulación trae la marca de que cuando consigas algo mejor te irás ya que la lealtad a largo plazo, los principios y valores es la marca de esta generación y de las venideras.

 

Parafraseando a Grey ´s Anatomy: aún hoy con mis certezas, todavía tengo dudas de a dónde vamos.

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